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Afrontemos los problemas: la doble vía

Afrontemos los problemas: la doble vía

2560 1650 Iván Aranda

«Me inundan los problemas», «No me dan más que problemas», «Todo es un problema», «No puedo con mis problemas»…

Seguramente, todos o la mayoría hemos escuchado estas frases u otras parecidas, pero ¿alguna vez te has preguntado qué es un problema? Uff… ¡Qué pregunta complicada, profunda y casi filosófica!

Sin embargo, de alguna forma, todos sabemos lo que es un problema y podemos describirlo a nuestra manera.

¿Qué tal si lo simplificamos mucho? Un problema es algo que precisa una solución. Entenderlo de esta forma tan sencilla puede resultarnos muy útil.

Existen muchas formas de afrontar los problemas, incluso hay estilos o tendencias personales: hay quien reflexiona mucho antes de actuar, quien es más impulsivo, quien tiende a delegar, quien apechuga solo, quien se refugia en la fe, en lo espiritual, etc.

En este artículo, te propongo dos maneras de abordar los problemas que, en cierta forma, pueden agrupar muchas otras. Estoy hablando del afrontamiento directo y del indirecto o emocional.

Afrontamiento directo

Consiste en actuar directamente sobre el propio problema para conseguir que este desaparezca, se reduzca o cambie. Implica intervenir sobre la propia realidad objetiva e intentar que esta sea diferente.

Te pongo como ejemplo un problema cotidiano: he ganado un par de kilos en navidades y no me entra ese traje tan caro y bonito que compré para la fiesta de fin de año. Un tipo de afrontamiento directo sería actuar para que la realidad sea diferente, es decir, que me propusiera perder ese par de kilos extra yendo al gimnasio o haciendo dieta.

La esencia de este tipo de afrontamiento se podría reducir a la pregunta siguiente: «¿Qué puedo hacer yo para que el problema se resuelva?».

Afrontamiento indirecto (o emocional)

Este procedimiento sería algo diferente, pues no va dirigido a que el problema cambie o a modificar la realidad objetiva, sino que pone el foco en la emoción que ese problema nos genera.
Teniendo en cuenta el ejemplo anterior, el hecho de haber ganado unos kilos de más y no entrar en el traje nuevo me podría generar emociones como frustración, disgusto o incluso culpa.

En este caso, el afrontamiento indirecto tendría más que ver con desarrollar las estrategias psicológicas que permitan reducir ese impacto emocional, y para ello nos podría venir bien hacernos preguntas como estas: «¿Acaso no puedo verme igual de bien con otras prendas?», «¿Hasta qué punto el hecho de que me vean bien ese día para mí es importante?», «¿Es proporcional mi disgusto a la importancia del problema?».

Reduciéndolo mucho, la cuestión sería esta: «¿Qué puedo hacer yo para tomarme mejor este problema?».

La buena noticia es que este segundo tipo de afrontamiento siempre nos deja un cierto margen que depende enteramente de nosotros, incluso a pesar de que, aparentemente, el problema no tenga solución.

Además, ten en cuenta lo siguiente:

  1.  Algunos problemas piden un estilo de afrontamiento y no otro.
    Si mi problema es que tengo frío, tendría más sentido, en principio, ponerme un abrigo para estar calentito y no orientar mi afrontamiento a la gestión del impacto emocional que tiene para mí tener frío.
    En cambio, si se ha muerto mi mascota, ocurriría lo contrario: ya que sería imposible cambiar esa realidad, ¿de qué modo afrontaré el sufrimiento que me genera?
  2.  Ambos tipos de afrontamiento no se excluyen. Si, por ejemplo, tengo un problema de sobrecarga de trabajo, puedo afrontarlo directamente intentando priorizar las tareas y delegando algunas, pero también a través del afrontamiento indirecto, relativizando la importancia que tiene ser infalible en el trabajo, o poniendo en valor la tarea que realizo, para que, al menos, la lleve a cabo más contento.

Entonces, ¿cómo se puede trabajar el afrontamiento indirecto? En mi próxima entrada del blog te propondré algunas claves que seguro te resultarán útiles, pero de momento haz lo siguiente: ve a una tienda en la que vendan frutos secos, compra una bolsa de castañas pilongas (castañas deshidratadas, de esas que están peladas y muy duras) y espera paciente. En el siguiente artículo te explicaré la razón de que te haya pedido esto.

Muchas gracias por leer mi artículo hasta el final. Mi nombre es Iván Aranda y me estreno en este blog como terapeuta miembro del equipo de Mi Yo Superior. En el enlace que aparece debajo encontrarás mis datos de contacto: estaré encantado de aclarar cualquier duda que te surja, profundizar en algún tema o escuchar cualquier sugerencia.

Iván Aranda Sánchez
Psicólogo

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