• Centro sanitario CS 14612. C/Cueva de la Mora 7-20 | hola@miyosuperior.es | Tlf:+34 640 569 235

Asertividad: ¿Pides, exiges o te callas?

Asertividad: ¿Pides, exiges o te callas?

5184 3456 Elena González Morujo

Quizá cuando eras pequeño alguien te dijo que «los niños buenos no piden, que eso es de maleducados» o, como decía mi abuela, que «hasta que no te ofrezcan, no cojas nada»Y tú, que querías ser aceptado como un niño bueno, acataste esa orden como un mandamiento sagrado.

Con estos modelos y mensajes en tu cabeza, has ido interiorizando formas indirectas y enrevesadas de pedir aquello que necesitas, deseas o te apetece. Fue la mejor forma que tuviste para poder adaptarte a tu familia o entorno. Pero el problema es que después lo has generalizado y lo aplicas no solo a las cosas materiales, sino también a tus relaciones, y cuando tienes necesidades de afecto, apoyo y contacto.

¿Cómo has aprendido a pedir?

Reproche:  Una vez ya ha pasado el episodio de necesidad o deseo, cuando ya no hay posibilidad de reparar o cambiar la situación, lanzas una queja. Esta queja esconde una crítica encubierta: estás culpando al otro por algo que no ha hecho y te hubiera gustado que hiciera . La creencia que la promueve es: «deberías haberlo sabido sin que yo te lo dijera».

Exigencia: También utilizas el deberías. «Deberías hacerlo... porque eres mi pareja / porque eres mi amigo / porque yo lo hice por ti cuando lo necesitaste / porque no tengo a nadie más...». Mi formadora en AT nos decía: «Es importante distinguir entre necesidades, deseos y caprichos». Entonces, plantéate si eso que exiges como una necesidad imperiosa es, en realidad, un deseo.

Petición pasiva: Das señales de que quieres algo de la otra persona, pero no lo muestras ni lo pides directamente. Por ejemplo: «Estoy aquí... aburrido en casa...», cuando lo que quieres decir es: «¿Salimos y nos vemos un rato?».

Petición directa: Dices lo que quieres de forma honesta, clara y estás abierto a cualquier tipo de respuesta. Por ejemplo: «Necesito ayuda para mi mudanza. ¿Estás disponible para echarme una mano?».

Cuanto más arriba en la lista, mayor es la contaminación del mensaje y más probabilidades hay de que surja un malentendido y de que se produzca insatisfacción y rencor en ambas personas.

Hemos de atender a lo que decimos, pero sobre todo a cómo lo decimos. Y aquí no se trata de fingir estados emocionales para decir bien las cosas, sino preguntarnos honestamente: ¿qué es lo que me pasa?, ¿por qué reacciono así? Y buscar respuestas.

Ante un doble mensaje, cuando las palabras y la actitud no parecen decir lo mismo, hacemos caso a lo segundo, a la comunicación no verbal.

Un mensaje aparentemente directo en las palabras, pero dicho con un tono de reproche, será recibido como tal, por mucho que lo adornes.

 

¿Por qué nos cuesta tanto ponerlo en práctica?

Lo que sucede a veces es que vamos por delante con la escopeta cargada, esperamos una negativa del otro; creemos que no nos va a escuchar, a respetar, a ayudar... Entonces te pones a la defensiva sin darte cuenta. Pones el vendaje antes de que aparezca la herida.

Lo aprendiste así de pequeño porque tal vez recibiste esa respuesta temida, pero ahora eres adulto y te corresponde hacerte cargo de ti mismo, de la mejor forma posible. Los peligros a los que temía ese niño ahora son menos monstruosos. Solo tienes que probarlo.

Los beneficios de comunicarte honestamente son muchos y ahorran energía psicológica.

Si una fuente está seca, no tiene sentido permanecer quieto, mirando y quejándose porque no da agua. Mientras esperas, te estás muriendo de sed. Es mejor que aceptes que ahí no hay agua en este momento y emprendas tu camino hacia la próxima fuente.

Pide de forma directa. Si te dicen que no, será una bendición para los dos. A ti te dejará el camino libre para ir a buscar donde SÍ haya, y el otro, por su parte, habrá sido honesto contigo y consigo mismo.

Esta es la auténtica relación sana: pedir y dar libremente, no porque se deba hacer.

¡Suscríbete al blog!

  • Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

Dejar una Respuesta

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo