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Autoestima: Las virtudes que escondes

Autoestima: Las virtudes que escondes

1570 668 Elena González Morujo

Qué pasa cuando ocultas tu poder, sensibilidad, atractivo o inteligencia.

En muchos de los casos que atiendo mi labor consiste en ayudar a desenterrar las potencialidades de la persona, a que pueda aumentar su autoestima.

Casi todos hemos crecido en entornos donde, en mayor o menor medida, nuestras figuras de referencia nos han influido o transmitido sus creencias, esquemas mentales e historias no resueltas.

En esas circunstancias quizá tuviste que dejar en segundo lugar un brillante talento para la escritura porque eso «no es una profesión seria que te va a dar de comer»; o tenías una inteligencia sensible, diferente y especial, pero la camuflaste para parecer más «convencional»; o puede que, a pesar de tener un atractivo físico muy notable, aprendiste desde muy joven que era mejor pasar desapercibido.

Pero ¿qué ocurre con todas esas virtudes, capacidades y atractivos? Porque, no solo las experiencias traumáticas tratan de salir a la superficie, también los talentos luchan por ver la luz. Y eso también provoca síntomas. Son como volcanes que no encuentran una vía de escape.

Durante la infancia pudiste verte rodeado de mensajes y miradas de envidia, de reprobación o de falta de comprensión. Y, como eras pequeño, en lugar de cuestionar a tu entorno te cuestionaste a ti mismo. Tu mente infantil, a su manera y sin que te dieras cuenta, dijo: «ah, vale, parece que cuando muestro esto [completa con la virtud que te corresponda] a la gente le incomoda… Entonces mejor será que me lo guarde para mí». Tu inconsciente decidió proteger tu talento, salvaguardarlo en una cajita del tesoro, con la esperanza de que así estaría a salvo en todo momento.

El problema es que, ahora, de adultos, si lo seguimos guardando, lo estamos matando de hambre. Llega un momento en el que ya no puedes retenerlo por más tiempo. Es como un torbellino que has tratado de contener a lo largo de toda tu vida mediante excusas, justificaciones y creencias que, en realidad, no son tuyas.

¿A quién le incomodaba (o le sigue incomodando actualmente) tu atractivo, tu inteligencia, tu sensibilidad…? ¿Y tu éxito? ¿Estás intentando encajar en algún lugar que, en el fondo, sabes que no es para ti?

Tal vez te vengan a la cabeza personas cercanas, o el recuerdo de alguna experiencia en la que te sentiste humillado. O quizá ni siquiera creas tener ningún rasgo especial y virtuoso... Yo te aseguro que eso es mentira; es imposible, no te lo creas.

¿Qué puedes hacer?

Ten muy en cuenta esto: cuídate a ti mismo y protégete, pero de verdad.

Encuentra un entorno seguro en el que ensayar «el regreso de la virtud». El entorno seguro es aquel formado por gente que te quiere de verdad, esas personas que se alegran de corazón por ti cuando las cosas te van bien. Esos que creen en ti, incluso cuando tú no lo haces. Son todos aquellos que toleran tus virtudes, no tus defectos.

Gran parte de mi trabajo consiste en rescatar lo positivo de las personas, ayudarles a descubrir aquello para lo que sí tienen poder y animarles a mostrarlo: una inteligencia distinta, la pasión en lo que hacen, su atractivo, su iniciativa, su creatividad…

Encuentra tu espacio, busca un entorno seguro y prueba. Empieza dando pasitos de bebé, pero habla, opina, muestra tu talento, tus virtudes y tus capacidades. Deja que les dé el sol. ¡Suéltate el pelo!

 

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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