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Lograr un cambio personal: Primero en tu mente, después en tu realidad.

Lograr un cambio personal: Primero en tu mente, después en tu realidad.

428 428 Elena González Morujo

Conexión entre tu mente y tu realidad

Desde la neuropsicología se sabe que por la noche solo podemos soñar con hechos, imágenes y sensaciones que ya hayamos vivido. Todo el contenido de los sueños es algo que ya hemos percibido con anterioridad, bien de manera consciente, bien inconscientemente. Lo que hace nuestro cerebro es combinar toda esa información de la forma más creativa (y, a veces, estrafalaria) que puede, pues durante el sueño se desactiva el área cerebral encargada del control racional.

La consulta con la almohada

Soñar nos sirve para procesar todo lo que vivimos durante el día: el cerebro olvida lo que considera innecesario y consolida aquello que resulta relevante para nuestra mente y nuestro cuerpo.

Nuestra identidad personal también se forja por la noche en este proceso neurológico de olvido-consolidación. ¿Alguna vez te ha pasado que por la mañana ves un problema de forma totalmente distinta a como lo veías por la noche? Esto es porque tu cerebro ha estado trabajando, haciendo conexiones y deshaciendo otras que resultaban irrelevantes o incoherentes.

Y aquí llega una consecuencia lógica de este fenómeno: si no lo veo durante la vigilia, no puedo soñarlo. Si no lo sueño o no lo imagino, no lo concibo en mi mente, no es real para mí. Por tanto, es información con la que no cuento y no puedo llegar a ella. No sé ni siquiera que esa opción existe.

Este hecho es crucial para cualquier cambio en el ámbito personal, por eso siempre recalco la importancia de crear contextos enriquecedores para uno mismo. Solo así podemos cambiar: alimentando el cerebro con nuevas sensaciones, perspectivas y experiencias. Insisto: si no lo ves, creerás que no existe. Nuestra mente, en este punto, funcionaría como lo hacen los bebés en ese momento en el que creen que tapándose los ojos desaparecen y no puedes verlos.

Es más habitual saber lo que no quieres

Cuando en la consulta les pregunto a mis pacientes «¿qué es lo que te gustaría conseguir?», muchos de ellos no saben bien qué responder precisamente por esto, porque no han experimentado anteriormente nada que pueda inspirarles para decirme qué es lo que quieren transformar dentro de sí mismos. Saben que no quieren seguir sintiéndose de una determinada forma, pero se quedan sin palabras para definir ese estado diferente e ideal al que aspiran. Y tiene todo el sentido del mundo.

En el documental Miss Escaparate se habla acerca de este fenómeno. Las mujeres solo pueden llegar a ser aquello que ven que pueden llegar a ser. A los hombres les sucede lo mismo (The mask you live in). Entonces, ¿qué pasa cuando mostramos imágenes estereotipadas de ambos géneros? Que estamos creando cárceles mentales y vitales. Y no es un discurso de reivindicación meramente cultural, es que, literalmente, estás cerrando y limitando la información que entra en tu cerebro.

Si la información es limitada, tu cambio y las opciones que percibas en el camino también lo serán.

Llévate a la novedad, a la riqueza de estímulos y a las sensaciones placenteras

Cuidar la información con la que lidiamos cada día es algo sumamente importante, porque ocurre lo mismo que con los alimentos: tus células se forman y se regeneran utilizando lo que ingieres; tus pensamientos y perspectivas se construyen utilizando la información que recibes. Y no solo es lo que lees o ves, sino también lo que experimentas. Por ejemplo, si no experimentas descanso y placer físico, cada vez te parecerá un objetivo más lejano.

Ahora funcionas como tu propio padre, como tu cuidador. Si tienes hijos, probablamente ya sepas de lo que hablo: pones protecciones físicas, te preocupas por sus rutinas de sueño, de comida y de que tengan la suficiente estimulación a todos los niveles, les proteges de determinada información, de la violencia, de aquello que puede resultarles abrumador... Pero, fíjate, contigo es muy probable que no estés haciendo lo mismo. Sin embargo, también tienes la misma necesidad.

Tienes que proteger tu cerebro, alimentarlo con novedades, aunque a veces tengas que forzarlo porque a él también le gusta la información de siempre, la que tiene controlada y clara. Sin embargo, al igual que una vida sedentaria adormece y debilita tu cuerpo, el sedentarismo mental te hace perder oportunidades para sentirte mejor y desarrollar aquello que necesitas. No mover el cerebro te encierra en un modelo de vida cortado con molde. Y nadie está hecho para eso, aunque creamos que sí.

Preguntas para pensar

Recupera el poder y la autonomía para decidir con qué quieres alimentar tus pensamientos y tus objetivos vitales. ¿Qué valores son importantes para ti?, ¿qué le enseñarías a un niño que estuviera a tu cuidado?, ¿dónde lo llevarías?, ¿qué le dirías?, ¿cómo tratarías sus problemas y preocupaciones? Apunta las respuestas. Ahí lo tienes, eso es lo que tienes que hacer contigo.

Y no se trata de hacer un régimen militar de censura de la información, no, en absoluto. De hecho, hoy en día, es casi imposible. Pero sí puedes crear contextos para contrarrestarla, para disminuir el efecto de la información empaquetada y parcial. Lleva a tu cerebro a muchos sitios, cuantos más mejor, aunque no le guste; «es por tu bien», dile.

 

 

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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