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Deja de castigarte «cuidándote a ti mismo»

Deja de castigarte «cuidándote a ti mismo»

447 371 Elena González Morujo

En ocasiones, eso a lo que llamas «cuidarte a ti mismo» no es lo que crees. A veces el «me cuido» esconde un «vigilo con lupa todo lo que como», «tengo que perder estos kilos que he cogido...» o «me tengo que maquillar por las mañanas para no parecer una dejada». Pero en realidad eso no es cuidarse, es solo autocrítica disfrazada.

A veces, el «me merezco un capricho» es comer algo que atasca tu cuerpo, comprarte algo que no puedes permitirte, salir a «olvidar» las penas... Pero no, eso tampoco es cuidarse. Sigue siendo crítica disfrazada y autodestrucción.

Vigila esa tendencia a cuidarte que pretende perfeccionarte y pulirte, porque lo que se va grabando en tu subconsciente es «no eres suficiente, siempre puedes mejorar».

¿Qué pasaría si decidieras plantarte? Pararte y decir: «No, gracias, estoy bien así».

La verdadera felicidad viene de la compasión y de la aceptación, y tu cuerpo y tu mente no deben quedarse fuera de la ecuación.

Cuidarse de verdad es cultivar los buenos pensamientos, hacer lo que quieras durante el mayor tiempo posible y procurarte experiencias que te abran la mente y te ablanden el corazón. Sí, un corazón blandito y esponjoso es el secreto de la felicidad. No se trata de autoindulgencia.

¿Cómo puedes cultivar los buenos pensamientos?

  1. Cuidando lo que recibes: Alimenta tu mente con materias de primera calidad. Haz dieta de noticias negativas y selecciona, con el mismo cuidado que pones para vigilar tu comida, qué es lo que entra en tu mente cada día, a qué noticias, libros, películas, personas... dedicas tu atención. Observa cuál es tu dieta mental habitual y, si es necesario, cámbiala.
  2. Cuidando lo que te dices: Háblate a ti mismo como le hablas a la persona por la que más respeto sientes en este mundo. Piensa en ella en este momento, ¿cómo la cuidas cuando se siente triste?, ¿qué le dices cuando se equivoca o tiene un mal día? Seguro que eres paciente, comprensivo y utilizas palabras de ánimo. Trátate con el mismo respeto y verás como sientes una especie de calorcito, de liberación y de orgullo de vivir.
  3. Cuidando lo que haces con tu cuerpo: ¿Lo estás machacando de algún modo? ¿Con qué objetivo haces ejercicio? ¿Es para perfeccionar algo de ti o por relajarte, descargarte y ayudarte? Deja de salir a correr con el pensamiento de «debo quitarme estos kilos». Si lo haces, tu mente estará estropeando un bonito momento en el que simplemente tienes que centrarte en mover tu cuerpo, disfrutar del airecito en la cara y disfrutar.

Ahora que se acerca la «operación biquini» también llega la temporada alta de los pensamientos más críticos, autodestructivos y carentes de compasión dirigidos hacia nuestro cuerpo.

Y por eso cambiar el plan nutricional de ideas, emociones y conductas es una medida de urgencia.

En relación al cuerpo, el hecho de adelgazar es el efecto secundario de estar bien, de sentirte feliz moviéndote, comiendo alimentos nutritivos y relacionándote afectuosamente contigo mismo y con los demás. Sucede así: cuando hay coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, el cuerpo se armoniza y también se vuelve coherente.

Y ningún objetivo positivo puede conseguirse mientras uno lucha consigo mismo. Esta afirmación es profundamente científica y puedes ahondar en ella leyendo “La biología de la creencia” del doctor Bruce H. Lipton. Te lo recomiendo, es un libro transformador lleno de ciencia y sentido común.

Entonces, ¿qué “alimentos” alternativos propones?, ¿hacemos una lista?

Mi aportación: «Pase lo que pase, siempre me hablaré con respeto».

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo