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«Llévalo como te dé la gana». Cómo afrontar un duelo.

«Llévalo como te dé la gana». Cómo afrontar un duelo.

800 333 Elena González Morujo

Acabas de pasar por una ruptura, un desengaño, una decepción o una pérdida en algún aspecto de tu vida… En estos momentos estás viviendo una experiencia a la que los psicólogos llamamos «duelo». Y lo que comienzas a oír, tanto en tu fuero interno como en las voces de quienes te rodean, son mensajes del tipo: «Venga, anímate», «sé fuerte, que todo irá bien», «sal, distráete», «cómprate ropa nueva», «córtate el pelo», y un largo etcétera.

Sin embargo, hoy voy a proponerte algo diferente: No trates de huir de tu dolor, de distraerlo, de entretenerlo y maquillarlo, de comprarle ropa nueva o de cortarle el pelo… No, esta vez no hagas eso. ¿Qué tal si dejas estar aquello que te está haciendo sufrir ahora mismo? ¿Podrías, simplemente, tratar de no hacer nada?

El otro día, una amiga le recomendaba a otra: «¿Sabes? Haz lo que te dé la gana, como si quieres tirarte dos semanas en la cama llorando… Cada uno lleva el duelo como puede».

Y cuando escuchas eso, sientes alivio al instante. Porque no se trata de que te regodees en tu pena, sino de que tengas la libertad de poder sentir lo que sea que esté pasando por tu corazón en ese momento. Y será entonces cuando emerja un respeto profundo por ti mismo.

Pero ¿por qué respetamos tanto la alegría y el entusiasmo y no así la vergüenza y el desconsuelo?

En este punto, quiero decirte algo importante: La naturaleza biológica es bastante más inteligente que nuestra programación mental y nuestras creencias. Por eso, si el cerebro es capaz de generar una emoción de vergüenza es porque esa vergüenza tiene que estar ahí y existir en ese momento. Si genera dolor, es porque tiene que estar ahí, tal cual ha emergido… La biología no gasta energía en asuntos inútiles y sin sentido. Por tanto, tu dolor tiene un por qué y un para qué. Déjalo vivir.

En ocasiones, insisto, lo que nos hace sufrir es la idea que tenemos acerca de cómo deberíamos sentirnos, de qué deberíamos pensar en cada momento y de cómo tendríamos que reaccionar ante ciertas situaciones.

Sin querer, enclaustramos nuestra forma de vivir y sentir, obligándonos a encajar en unos patrones en los que, por otro lado, nos resistimos a entrar.

Deseamos ser auténticos, pero también ser aceptados

Todos deseamos ser nosotros mismos y poder expresarnos tal cual. Pero también queremos encajar, y que otros nos acepten y validen. Por eso a veces fingimos, maquillamos nuestro dolor, nuestro miedo y nuestras dudas creyendo que lo que estamos pasando solo es cosa nuestra, que estamos mal, que deberíamos sentirnos de otra forma. Y no, esa no es la realidad.

Y que quede claro que no fingimos a propósito, que no es que queramos engañar a los demás, sino que la mayoría de las veces lo que queremos hacer es engañarnos a nosotros mismos: no queremos aceptar en nosotros aquello que desentona con la idea que tenemos de nuestra identidad.

Por ejemplo, si te defines como alguien «alegre y positivo», cuando llegue una situación en la que tengas ganas de estar «cenizo, pesismista y triste», lucharás con uñas y dientes contra ese estado, metiéndole prisa para que desaparezca de tu cuerpo lo antes posible. «Este no soy yo», te dices. Pero, sí, sí eres tú, sí forma parte de ti. Y cuanto antes lo aceptes, más feliz vas a vivir.

Porque las personas no somos nada en concreto, no hay nada que nos defina por siempre y para siempre. ¿Acaso tu personalidad es igual ahora que hace cinco años?, ¿o que hace diez?, ¿crees que serás el mismo en el 2019?

No, te aseguro que no. Porque nuestro cerebro cambia con la experiencia y está diseñado para ello.
Experimenta, experimenta todo lo que te esté pasando. Lleva tus asuntos como TÚ necesites y deja de esforzarte por querer gustar a los demás e intentar que no se sientan incómodos con tus emociones.

Y recuerda: «No hay mal (ni bien) que cien años dure», como dice el refrán. Por eso puedes permitirte el lujo de ser y sentir lo que te surja en cada momento de tu vida, con tus luces y tus miserias… Porque nada te define, todo es temporal.

«Llévalo como te dé la gana». Ahí reside la salud mental.

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo