• Centro sanitario CS 14612. C/Cueva de la Mora 7-20 | hola@miyosuperior.es | Tlf:+34 640 569 235

El poder de los cuentos y relatos

El poder de los cuentos y relatos

1200 800 Elena González Morujo

Desde que somos pequeños vivimos rodeados de historias: los cuentos infantiles, las novelas, las películas, las series, los cómics... Hay un disfrute especial en el hecho de conocer a los personajes, descubrir qué les pasará, ver en qué me parezco a ellos y en qué soy diferente, cómo se las arreglan para llevar sus asuntos, cómo resuelven sus problemas... Cuando accedemos a una historia de cualquier tipo, nuestro cerebro registra y procesa gran cantidad y variedad de información. En cierto modo, tu cerebro está viviendo la experiencia descrita, aunque no seas conscientes de ello.

Primer y segundo plano

El hecho de que no nos demos cuenta del proceso no significa que no nos afecte o que no sea un mecanismo poderoso, más bien, ocurre al contrario: la mayor parte de nuestro procesamiento, aprendizaje y memoria se desarrolla en ese plano incosciente. Por ejemplo, en este momento una parte de tu atención (aquella de la que te das cuenta) está puesta en la pantalla y en lo que lees en ella, pero también tu cerebro está pendiente de la temperatura que hace en la habitación, de si hay ruido fuera, de si tienes hambre... Digamos que sabe el olor del ambiente, las sensaciones táctiles de mover el ratón o sostener el móvil, cómo tienes apoyados los pies en el suelo...

Quizá en el momento en el que he ido enumerando estas sensaciones ha sido cuando te has dado cuenta de ellas y has ido dirigiendo tu atención a cada una, pero cuando no las atendías no era porque no estuvieran, sino que no las estabas viendo en un primer plano.

Así funciona nuestra percepción y procesamiento, con un primer y segundo plano, con una «figura» y un «fondo», como dice la Gestalt. Al igual que sucede en el teatro, lo que vemos es la obra sobre el escenario, pero esta es el resultado del trabajo entre bastidores. Nuestro cerebro es igual: una enorme sala de máquinas que trabaja subterráneamente para dar lugar a la conducta manifiesta.

Entonces, volvamos a hablar de los cuentos. Como te decía, parece que hay un aprendizaje especial y profundo cuando topamos con ciertas historias. ¿No tienes alguna película marcada en tu memoria?, ¿alguna que te haya cambiado radicalmente tu opinión sobre algo?, ¿una que te emocionó de forma profunda, aunque no sepas por qué? Muchas veces experimentamos un cambio de esquemas duradero a raíz de entrar en contacto con ciertos relatos; otras veces, es cierto, tan solo es temporal. Sin embargo, siempre hay algo que deja poso.

¿Por qué los cuentos son tan poderosos?

Fundamentalmente por dos fenómenos:

El primero es la capacidad de aprendizaje vicario. Esto hace referencia a la facultad que tenemos las personas para aprender una experiencia sin necesidad de experimentarla directamente, nos basta con observarla en otros. Por ejemplo, miramos por la ventana y vemos que al vecino de al lado le ha mordido un perro que está atado a una farola; acto seguido, decidimos salir a la calle y tenemos que pasar al lado de ese perro. Es altamente probable que no nos acerquemos a él porque, aunque no nos haya mordido a nosotros, solo con ver lo que le ha pasado al vecino nos habrá servido para aprender la lección.

El segundo fenómeno es que los cuentos y relatos se procesan fundamentalmente en el hemisferio derecho de nuestro cerebro, que es el encargado de integrar las distintas modalidades sensoriales, las imágenes, las emociones, las sensaciones físicas, las ideas... Este hemisferio construye un todo sumando las partes y genera un resultado, una percepción y una vivencia integrada que no es la mera suma de ellas, sino que, como en la química, se crea un producto nuevo: una vivencia propia, subjetiva.

Entonces, los relatos de cualquier tipo (sean películas, poesía, cuentos...) son el vehículo más rico que se puede ofrecer si queremos aprender o promulgar alguna enseñanza, porque mientras leemos se evocan imágenes, tenemos emociones, nos metemos en la piel de los personajes, aprendemos a asociar causas y consecuencias... Vivimos la experiencia como si, en parte, fuera nuestra. Y eres capaz de aprender lecciones desde una cercanía especial que no se consigue si solo te dicen lo que debes hacer. Por ejemplo, cuando le dices a un niño: «Debes ser generoso» o «no debes mentir», él procesa la secuencia de palabras con su hemisferio izquierdo, básicamente. De esta manera, podrá entender lo que decimos y obedecer el mandato, pero eso no significa que lo comprenda ni que sepa cómo hacerlo o por qué es algo positivo.

Este es el motivo por el que creé la sección de Facebook «La película de la semana». Los relatos de otras personas son un medio de acceder a mundos a los que no tenemos acceso en nuestro día a día y, con ellos, nuestro cerebro aprende, se hace más flexible, ejercita la empatía, las neuronas espejo, el procesamiento de las emociones y la integración cerebral. Además, en ese momento, nuestras defensas psicológicas están más bajas, reaccionamos con menos resistencia hacia lo nuevo y esto puede ayudarnos a, por ejemplo, liberar una emoción acumulada. Todo ello sin hacer demasiado esfuerzo activo y con la sensación de disfrute.

Así que te recomiendo que utilices el lenguaje audiovisual y el escrito como un complemento de aprendizaje y de enseñanza. Después de la experiencia directa, es el medio más rico y estimulante.

El asunto de si habría que hacer una revisión de los cuentos populares o del cine actual y plantearse qué modelos de comportamiento promueven da lugar a otro extenso artículo. De momento, te animo a que el criterio que te acompañe sea siempre el de la coherencia, el de promover aquello que quieres ver crecer a tu alrededor.

 

¡Suscríbete al blog!

  • Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

Dejar una Respuesta

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo