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Cambiar de perspectiva: Duda de ti mismo

Cambiar de perspectiva: Duda de ti mismo

454 300 Elena González Morujo

Siempre es recomendable que te sientas seguro de ti mismo, que tengas tus propias ideas, tus creencias, tus valores... Sin embargo, hay excepciones. A veces, debes dudar de ti.

Es importante que sepas algo: a nuestro cerebro le gusta mucho la estabilidad. Todas nuestras ideas y creencias —acerca de nosotros mismos o cualquier otro asunto— tienden a querer ser estables, se resisten al cambio. De hecho, para poder mantener el equilibrio interno, nuestra mente corrige las disonancias inventando y sesgando la percepción de tal manera que pueda confirmar nuestros puntos de vista.

La atención es selectiva y hace esta selección basándose en una creencia de base, por ejemplo: «la gente me rechaza». Si esta es una de tus ideas de base, es muy probable que encuentres evidencias que la refuercen. Cuando necesitas amor, afecto o apoyo y tienes la creencia de que los demás no estarán ahí para dártelo, es muy probable que te encierres en ti mismo, aún sin darte cuenta. Entonces, te pones un traje de autosuficiencia que te hace creer a ti y a los demás que no necesitas a nadie. Pero, fíjate, todo empieza precisamente por lo mucho que los necesitas.

De dónde vienen nuestros pensamientos

Muchas de las creencias que tenemos de adultos pertenecen a interpretaciones que hicimos de determinadas situaciones cuando éramos niños. En la infancia nuestro razonamiento es muy limitado, aún no sabíamos filtrar y sacábamos conclusiones bastante rudimentarias. Pero, justo por esa tendencia a la estabilidad que tiene nuestra mente, esas ideas pueden permanecer inamovibles hasta la edad adulta, y ahora es el momento en que las puedes someter a revisión.

La mente infantil

Se sabe que los bebés cuya madre ha tenido que ser hospitalizada o ha tenido que ausentarse por un periodo prolongado experimentan una sensación de abandono, una idea de «yo tengo algo malo que ha hecho que mamá se vaya» o «mamá no me quiere». El bebé no puede estructurar esa idea en palabras, por lo que se queda grabada en el cerebro en forma de memoria corporal, de sensaciones.

El bebé registra «mamá no me quiere», pero es muy probable que la realidad sea que su madre esté pensando día y noche en él, que le eche mucho de menos y que esté deseando abrazarlo. Pero eso no es lo que llega a la mente del niño, que saca conclusiones equivocadas y muy dolorosas. Por eso, cuando sea adulto, esas conclusiones habrán de ser revisadas y sustituidas por unas nuevas, reales y liberadoras.

El pasado siempre vuelve

Otro aspecto que debes saber es que las personas tendemos a predecir el futuro según nuestras experiencias y emociones del pasado. Por eso, a veces sientes que vives historias que se repiten una y otra vez: de algún modo, es tu mente quien las repite. Por ejemplo, si a un nivel primario concluyes que no te quieren, una de dos: o bien tu cerebro no es capaz de ver el amor, aunque te esté rodeando, o bien tiendes a unirte a personas que te tratan mal y que confirman esa creencia.

En ocasiones, el sufrimiento que experimentas hoy es fruto de vivir en una especie de jaula creada por la atención selectiva, experiencias pasadas y conclusiones mentales muy básicas. 

¿Por qué  cuesta tanto cambiar?

Cambiar ciertas creencias no es tan fácil como lo pintan algunos libros de autoayuda. Lo primero, porque ya hemos visto que, aunque nos hagan sufrir, tendemos a mantener lo que pensamos y a buscar señales que lo confirmen; lo segundo, porque muchas de estas creencias se fraguaron en un momento en el que aún no podíamos ni sabíamos hablar. Están grabadas en un lenguaje de memoria corporal y de sensaciones, más que de palabras, por eso las palabras no sirven para convencernos. En estos casos hay que actuar de un modo diferente: hay que regrabar, reprogramar el cerebro a través de experiencias nuevas que compitan con las antiguas.

Y entonces es cuando necesitas hacer un salto de fe, dudar de ti mismo y decirte: «Tal vez yo no tenga razón, a lo mejor hay algo que no estoy viendo. Voy a averiguarlo y a sacar mis conclusiones ahora».

Es en este punto de la historia donde, durante un tiempo, tienes que ir en contra de una parte de ti, hacer un esfuerzo consciente y dudar de esas ideas automáticas para así poderlas poner a prueba ahora, cuando ya eres adulto.

Y esto requiere mucha valentía o estar muy harto de sufrir.

Solo cuando te abres a la posibilidad de una nueva experiencia dejas un hueco en la coraza y permites que otra persona te toque y te quiera, y solo si la dejas hacerlo con la suficiente confianza y durante el suficiente tiempo como para que se convierta en algo relativamente predecible, solo en ese caso, el cerebro guardará una nueva memoria corporal: la de sentirse amado y querido.

Entonces se abrirá una ventana mental, que antes estaba cerrada a cal y canto, y que te permitirá ver el amor y la atención de los demás que, antes, aunque estuvieran, tu cerebro no era capaz de ver.

Nacerá una nueva conexión, el germen de una nueva idea, de una nueva memoria que deberás cuidar como a un brotecito de planta aún tierno: dándole atención, alimentándolo con nuevas experiencias y protegiéndolo de los antiguos esquemas negativos.

 

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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3 comentarios
  • Me ha encantado el artículo, pero se me ocurre una pregunta relacionada (creo)… ¿Somos personas prefabricadas? ¿Nuestras creencias, pensamientos, deseos son realmente nuestros? En el caso de que la primera pregunta sea afirmativa, que yo diría que sí (ya sea una cuestión cultural o de supervivencia o a saber…), es importante para mejorar nuestro bienestar, «dudar» de nosotr@s mism@s, ¿verdad? ¡Muchas gracias por tu blog! 😉

    • Elena González Morujo 28 de septiembre de 2017 at 12:07

      ¡Muchas gracias por tu comentario, Ana! Es muy interesante la cuestión que planteas porque, efectivamente, es un tema que da mucho que hablar… Por mi parte, coincido con tu visión. Somos fruto de una programación biológica, como humanos, y otra cultural, según el país, la familia en la que nazcamos y la información que nos rodea… Todos esos elementos van moldeando poco a poco nuestro incosciente sin que nosotros lo sepamos. Y se sabe que es esta parte la que toma la mayoría de las decisiones. Así que solo controlamos una mínima parte de la información que maneja nuestro cerebro.

      Mira, te dejo este artículo donde habla precisamente de lo que ha descubierto la Neurociencia sobre el libre albedrío.

      Científicos descubren que la mente toma decisiones antes de que se sea consciente de ello

      ¡Un fuerte abrazo!

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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