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Los inconvenientes de la rigidez mental

Los inconvenientes de la rigidez mental

500 239 Elena González Morujo

El exceso de rigidez mental a la hora de definirte es uno de los motivos que, a veces, pueden causar un gran malestar psicológico.

Todos tenemos un componente de la personalidad donde registramos nuestros valores morales y personales, aquello que consideramos aceptable o no, tanto de nosotros mismos como de los demás. También necesitamos lo que se denomina cierre cognitivo, es decir, tendemos a buscar respuestas concretas y claras que reduzcan la incertidumbre y la ambigüedad al máximo.

Sin embargo, si tratas de encasillarte con límites, creencias y juicios excesivamente rígidos, se establecerá una lucha interna que desencadenará síntomas como el autorreproche, la culpa y la duda constante respecto a ti mismo.

«Yo no soy de esos padres que...», «yo no soy de esas mujeres que...», «nosotros no somos de esas parejas que...».

La mayoría de las veces no te juzgas por haber cometido un crimen (en ese caso la culpa sería necesaria y estaría justificada), sino que te atormentas por haber pensado mal de alguien, por haber perdido los nervios, por plantearte si quieres seguir en tu matrimonio, por cuestionarte si te gusta tu trabajo, por tener celos... «¡Yo no soy así!», te dices. Tu mente establece una equivalencia entre un pensamiento, una emoción o una conducta y un rasgo personal. Y entonces todo empieza a nublarse.

Fantasear, sentir o hacer algo en un momento determinado no son elementos que te definan como persona. Que un día hayas perdido los papeles no significa que seas una persona descontrolada, o que hayas fantaseado con otra persona que no es tu pareja no implica que seas infiel... El sufrimiento surge al ver la distancia que hay entre esa imagen idealizada de ti mismo y la realidad que vives. En el mundo de las ideas todo parece tan sencillo, fácil y ordenado...

Está bien tener una estructura personal propia porque, como te decía anteriormente, todos necesitamos ese cierre cognitivo que reduzca la ambigüedad, pero dicha estructura ha de ser lo suficientemente permeable y flexible como para aceptar y adoptar los cambios que va trayéndote la vida. Porque ocurren, porque son inevitables. ¿Acaso eres igual ahora que hace diez años? Por naturaleza, la experiencia va grabando nueva información en tu cerebro y él se ve obligado a cambiar, a reorganizarse, a reinventarse a sí mismo constantemente.

Etiquetarse ayuda a poner cierto cauce, pero también te hace sentir culpa y desasosiego cuando te sales de él.

Mecanismos de la vida para ayudarte a aprender

¿Te ha ocurrido alguna vez que, de pronto, un día te ves haciendo o diciendo algo que juraste no hacer o decir jamás? Es un fenómeno muy frecuente, como una especie de mensaje de la vida que te insta a dejar de juzgar a los demás y a ti mismo, a ser compasivo, a tener la mente abierta, a no tomarte nada lo suficientemente en serio como para que te haga sufrir más de la cuenta. Porque todo es temporal y pasará.

Una de las mayores fortalezas que puedes desarrollar es, precisamente, la capacidad de aceptar el cambio en tus puntos de vista, experiencias y emociones. Poder aceptarte a cada momento con lo que eres y tener el suficiente desapego como para poder decirle «adiós» a lo que ya no va contigo y después «hola» a la siguiente etapa.

 «Voy a experimentar todo lo que se me presente con una mente abierta y crítica».

Con estas palabras una buena amiga me informaba de su nueva actitud ante la vida. Hoy me parecen perfectas para ilustrar lo que es la flexibilidad y el dejar de luchar contra lo que es inevitable.

Cuando ella decía «mente crítica» no hablaba de crítica mental, sino del límite para no embarcarse en algo negativo y perjudicial. Y es que para estar medianamente satisfecho tienes que ser muy honesto y sincero contigo mismo. Aunque te cueste, porque a la mente le gusta tener las cosas claras sin tener en cuenta si son mentira o si ya no sirven. Si te focalizas en lo que pareces y no en lo que quieres, es difícil que puedas llevar una vida coherente y estés integrado internamente.

La clave estaría en ser fiel a tus creencias, pero poder renegociar ese compromiso si tus deseos y circunstancias cambian.

Y tú, ¿qué cambio impensable has vivido? ¿Estás inmerso en algún proyecto que jamás hubieras pensado embarcarte?

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo
6 comentarios
  • Maravilloso articulo!!! Tal cual.

    No conozco a nadie para quien este no sea un tema fundamental, y sin embargo se encuentra a menudo rodeado de confusión y miedo. Este texto ilumina con precisión sobre esa zona oscura de nosotras, y motiva al bienestar, sin asustar.

    Enhorabuena! Lo recomendaré mucho!

    • Elena González Morujo 24 de octubre de 2017 at 16:56

      ¡Muchas gracias por tus palabras! Me alegro de que te haya gustado y te sirva. Dices algo muy bonito y que es clave en todo proceso de cambio: impulsar sin asustar. Porque si nos asustamos…malo. Retrocedemos. Hay que darse espacio, tiempo y muchas dosis de compasión.
      ¡Un abrazo!

  • Muy interesante como casi todo lo que escribes. A mí, personalmente, me costó darme cuenta de que necesitar reafirmarme ante el mundo como «yo, Ana» (muy de adolescente) no es más que rigidez mental, de la que todavía intento salir a veces con sudores, jejeje… Al final es hacerte esclava de tus principios (como dice una gran profesional y amiga) y creencias, sin darte posibilidad a cambiar o experimentar.
    Viviendo y aprendiendo, como dice otra amiga… 😉
    Muchas gracias por tu blog, Elena. ¡Me encanta!

    • Elena González Morujo 24 de octubre de 2017 at 16:38

      Sin duda es algo que cuesta…Ya te digo que nuestro cerebro está programado para querer tener todo bien atado, compartimentado y claro. Aunque,también, esta tendencia es fruto de nuestra educación y contexto cultural, por lo que puede entrenarse y cambiar. Como en todo, se trata de encontrar el equilibrio: tener unos cimientos bien anclados en la tierra, y en la superficie una estructura moldeable, desmontable y fluida…
      Muchas gracias por compartir tu experiencia, ¡ánimo en el camino!
      Te mando un fuerte abrazo.

  • Genial,como siempre 🙂
    Por supuesto, me veo reflejada, y he tenido tantas rigideces en mi vida como sentimientos de culpa por haberlas dejado después. Una de ellas, y te hará mucha gracia, es que un día me prometí que nunca tendría mi propia empresa….jajaja. Cosas de la vida… años después he descubierto que soy más feliz trabajando para mí misma que para otros.
    Otra gran rigidez mental es con la maternidad….todavía sigo en ello, pero cada vez más consciente de este tipo de pensamientos.
    Gracias por tus aportaciones, son maravillosas <3

    • Elena González Morujo 24 de octubre de 2017 at 16:46

      Sí que tiene gracia, desde luego, porque es una de las cosas que mejor se te da. Pero es que ahí está la clave, que, muchas veces, debajo de nuestras rigideces suelen estar nuestros talentos. La rigidez funciona como una armadura protectora de aquello que más nos importa. Su motivación es «buena», pero ya sabes, las armaduras impiden que te de el solecito en la piel.
      Gracias por compartir tu experiencia, Nuria. Ánimo con tu bonito proyecto (tus dos bonitos proyectos).
      Un abrazo fuerte.

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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