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La culpa engorda: ¿cómo le afectan los pensamientos a tu metabolismo?

La culpa engorda: ¿cómo le afectan los pensamientos a tu metabolismo?

640 360 Elena González Morujo

Ya llega el buen tiempo y, con él, se llenarán los medios de operaciones bikini, dietas y promociones de productos para perder peso.

En cierto modo, con toda esta información recibimos de manera indirecta el mensaje de que no podemos dejar nuestro cuerpo tal cual está, ponerle un bañador o un bikini y salir a disfrutar del verano. Indirectamente te sugieren que debes hacer algo, y eso provoca que pienses que tu cuerpo (sobre todo se fomenta más en las mujeres) es imperfecto y menos digno.

Relacionarnos con nuestro cuerpo de una forma negativa no solo tiene efecto en nuestra autoestima, sino que también interfiere en nuestro metabolismo físico.

¿A qué me refiero?

La culpa, la vergüenza y la autocrítica son agentes estresantes. Es decir, cuando las experimentamos no se quedan únicamente en el plano de lo mental, sino que desencadenan toda una serie de mecanismos fisiológicos hormonales que, entre otras cosas, están relacionados con el metabolismo de la grasa.

Los científicos han descubierto que, según el diálogo mental interno, un mismo alimento puede ser asimilado por el cuerpo de forma distinta.

Cómo digiere el cerebro

Imagínate que te quieres comer un trozo de pastel. Lo primero que sucede es que el córtex frontal de tu cerebro hace una interpretación o un juicio sobre si es conveniente o no. Después, esa información pasa al sistema límbico, el encargado de regular las emociones y los procesos como el hambre, la sed, la temperatura, la conducta sexual, el ritmo cardíaco y la presión arterial. En este sistema hay una estructura clave, el hipotálamo, que se encarga de integrar la información sensorial, emocional y mental para convertirlas en respuestas biológicas.

Comer con placer

Si ese pastel es uno de tus favoritos y te lo comes con placer y disfrute, el hipotálamo lo calificará de experiencia positiva y activará el sistema parasimpático, estimulando así las glándulas salivares, el estómago, los intestinos, el páncreas... Todo ello para que tu metabolismo funcione con un rendimiento óptimo, lo cual hace que las calorías se quemen de forma más eficiente.

Comer con culpa

¿Qué pasa si, ante el mismo pastel, sentimos culpa o remordimiento?

En este caso, el hipotálamo juzgará ese pastel como un estímulo negativo y activará otro sistema diferente, el sistema nervioso simpático, el que se pone en marcha cuando tenemos estrés. Y, cuando hay estrés, el cuerpo lo que hace es inhibir la respuesta de los órganos digestivos, así que ese alimento estará más tiempo en tu intestino e interferirá con las bacterias saludables que hay en el mismo. Además, en esta situación aumentan los niveles de insulina y cortisol en sangre, lo cual produce una ralentización de la quema de calorías y una mayor acumulación de grasa.

La clave está en cambiar el enfoque

Como ves, afrontar tu dieta desde un punto de vista positivo, enfocado en términos como ganar salud, equilibrar, aligerar o cuidarse, tendrá un resultado más positivo y eficaz que si te tratas con régimen militar, culpa y sientes desprecio por tu cuerpo. Con un enfoque positivo, estimularás las emociones positivas y, con ello, todo tu cuerpo funcionará de forma más eficiente.

Siempre insisto en la importancia de tratarse a uno mismo con mucho respeto, paciencia y compasión. Es la clave del bienestar psicológico, pero también, como ves, del equilibrio corporal.

Por eso, te invito a que si vas a embarcarte en una operación bikini, lo hagas desde el disfrute y el cuidado de tu cuerpo, no desde el «tengo que perder x kilos», «mira qué celulitis (sumado a una mirada de desprecio en el espejo)» o «así no puedo ir a la playa».

¿Qué opinas? ¿Qué te parecen estos descubrimientos? ¡Estaré encantada de leer tus respuestas en los comentarios!

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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