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La necesidad de aprobación

La necesidad de aprobación

618 368 Elena González Morujo

Te cuesta decir claramente que no.

Eres muy sensible a las críticas; te afectan más de lo que te gustaría.

Te adaptas casi siempre a las propuestas de los demás, aunque tú tengas las tuyas.

Evitas los enfrentamientos y los desacuerdos.

Te atormentas mentalmente después de una conversación en la que crees que has dicho algo indebido.

Pides perdón a menudo por cosas que no necesariamente lo requieren.

Te inquieta mucho que alguien esté en desacuerdo contigo.

A veces pones buena cara, aunque por dentro te sientas mal (enfadado, triste, con miedo...).

Permaneces en relaciones que no te satisfacen del todo porque te cuesta salir de ellas o poner límites.

¿Te ves reflejado en alguna de estas situaciones?

Todos tenemos necesidad de aprobación. Piensa que somos seres que construimos nuestra personalidad en el marco de la relación con otras personas, por lo que somos profundamente sociales. Pero el problema, como en otros aspectos de la vida, se da cuando hay un exceso o un defecto: tan negativo es que no nos importen nada los demás como que nos importen demasiado.

En el caso de la necesidad extrema de aprobación, lo que sucede es que la persona que lo experimenta siente una gran inestabilidad porque su seguridad depende del criterio y la actuación de otros. Y ese criterio será tan variable como personas hay en el mundo.

Sentir que el amor es condicional

Si tienes una necesidad excesiva de aprobación, probablemente hayas aprendido desde pequeño que para recibir amor, cariño y atención tienes que cumplir una serie de condiciones.

Quizá alguien importante para ti te retiraba su aprobación o sus signos de cariño (aunque solo fuera momentáneamente) cuando estaba en desacuerdo con tus opiniones o tu forma de actuar. De esta manera, aprendiste que el hecho de que los demás estén de acuerdo contigo es un requisito que debes cumplir para que te quieran.

¿Cuáles son las consecuencias de vivir para los demás?

Cuando te enredas en la necesidad de ser aprobado, te desconectas de tus necesidades y de tu naturaleza personal. Y puede llegar un momento en el que no sepas distinguir cuáles son tus verdaderos gustos, opiniones y deseos.

Desarrollas miedo al enfrentamiento y lo evitas, pero por eso lo ves como algo más grande y terrorífico: en nuestra mente todo es más grande y terrorífico que cuando lo vivimos de verdad.

También provocas lo que se llama «profecía autocumplida»: si en lo más profundo de ti sientes que tus opiniones no serán escuchadas y respetadas por los demás, es muy probable que las expreses de forma vaga o poco enérgica, por lo que al final, efectivamente, los demás no las tentrán tan en cuenta.

Nuevas creencias, nuevas vivencias

Tus vivencias emocionales pasadas se han grabado en forma de creencias que pronostican lo que ocurrirá si piensas, sientes o actúas de una determinada manera. Pero lo importante es que son creencias subjetivas, no leyes universales.

¿Qué tal si las sustituyes por otras más positivas, actualizadas y cercanas a la realidad?

Por ejemplo:

  • «El hecho de que alguien esté en desacuerdo con mi opinión no significa que me rechace a mí de forma global como persona. Solo rechaza esa opinión».
  • «Yo también tengo derecho a tener voz y voto en los asuntos que me afectan. Mis necesidades también son importantes».
  • «El enfrentamiento es necesario a veces; sirve para poner las cosas en su lugar».
  • «Puedo asumir riesgos y expresar mi punto de vista, aun cuando el otro no esté de acuerdo. El desacuerdo no me va a matar».
  • «Yo también decido quién me gusta y quién no. No solo tengo que enfocarme en gustar yo a los otros».

En definitiva, se trata de desafiar nuestras creencias básicas y de atrevernos a actuar de forma distinta. Solo así se superan los miedos: enfrentándote a ellos.

Trata de empezar por algo que te cueste poco, pero que también suponga un desafío para ti. Es muy probable que te sorprendas y que la gente no actúe de forma tan negativa como tú crees. Y, en el caso de que eso suceda, también puede ser un buen momento para replantearte esa relación si tus necesidades no tienen hueco en ella.

¿Qué opinas? ¿Te has visto reflejado en alguna de estas situaciones? Me encantará leer tus comentarios. Y recuerda que también puedes ponerte en contacto conmigo si lo necesitas.

 

 

 

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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