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Los amigos del bienestar psicológico

Los amigos del bienestar psicológico

1536 768 Elena González Morujo

Hay sucesos en nuestras vidas que no podemos cambiar; ocurren y solo podemos aceptarlos y seguir adelante. Lo que sí podemos hacer es utilizar otros recursos para afrontarlos, influir en esas experiencias de forma indirecta a través de lo que sí podemos controlar.

Estos son algunos de los que yo llamo «amortiguadores psicológicos»: esos aspectos que absorben e incluso logran diluir el impacto que tienen las experiencias negativas en nosotros.

¿Cuáles son?

El sentido del humor

En su libro Los patitos feos, Boris Cyrulnik habla del sentido del humor como forma de introducir nueva información neuronal dentro de esquemas ya construidos. Pero no se trata de negar y tapar a través del humor, sino de introducirlo en el momento justo. Por ejemplo: ¿te has fijado en lo que ocurre cuando le haces una broma o le sacas de su estado a un niño que está profundamente asustado? Le haces una mueca graciosa o finges que todo es un juego y la cara llena de lágrimas se convierte en cara de sorpresa y luego en cara de risa, ¡a veces incluso nos pide que sigamos haciéndolo!

Cuando le quitamos dramatismo (no importancia) a lo que nos sucede, estamos creando, literalmente, amortiguadores neuronales contra el dolor.

Las relaciones personales positivas o tener una red de apoyo

Uno de los aspectos que nos hace más vulnerables a tener trastornos emocionales y psicológicos es el aislamiento social. De hecho, somos seres profundamente relacionales: nuestro cerebro solo madura, crece y desarrolla su potencial si está en comunidad, si está en contacto con otras personas.

Al conectar con gente a la que queremos y que nos quiere, se activa un estado cerebral muy agradable que es el de la resonancia. Es decir, nos sentimos sentidos por otras personas. Y esto reduce el estrés. Es como descansar, porque el peso de lo que te ocurre ya no está solo en tu cerebro, sino que temporalmente está sostenido y contenido por el cerebro de los que tienes enfrente. Y no me refiero a que estén cargando con tus problemas. Lo que sucede va más allá.

La naturaleza

Ver vegetación reduce el estrés y repara nuestro sistema atencional.

A veces estamos saturados y no damos para más. No somos capaces de pensar y estamos bombardeados de información. Ver árboles y vegetación frondosa nos ayuda a restaurar ciertos procesos de atención, en concreto, descansa el proceso inhibitorio, aquel que se pone en marcha para aumentar tu foco de atención en una tarea concreta e inhibir el foco de los distractores (ruidos de la calle, banners y anuncios de la pantalla...).

Incluso el científico Roger S. Ulrich demostró que los pacientes que habían pasado por una cirugía y se recuperaban en una habitación desde la que se veían árboles se recuperaban antes que los que veían una pared de ladrillo.

Entorno físico ordenado y limpio

La sensación de bienestar mental no solo procede de la cabeza, sino también del resto de los sentidos de nuestro cuerpo. Por eso, es importante crear un entorno limpio y fresco, con una luz y una temperatura que te resulte agradable, con objetos que te gusten y te provoquen emociones positivas, sin acumulación ni exceso. Estos elementos mandan señales al cerebro de que estás en un lugar seguro y predecible, por lo que no necesita generar estrés para afrontarlo.

La actividad física

Algunos neurocientíficos han demostrado que el deporte aeróbico, sobre todo, correr, estimula las neuronas del hipocampo cerebral, el responsable de la memoria y el aprendizaje. Además, libera endorfinas que promueven en ti una sensación de bienestar y afecto positivo.

Un cuerpo tenso envía señales de tensión al cerebro y este, a su vez, se las devuelve creando un círculo vicioso de malestar. Pero no necesitas correr si no es el deporte que más te gusta, tan solo mueve tu cuerpo: baila, pasea, haz yoga...

La alimentación

No vale comer cualquier cosa, aunque ahora nuestros ritmos de vida nos empujen muchas veces a ello. La alimentación rica en azúcar, alcohol, conservantes y componente artificiales altera tu aparato digestivo, en el que también hay neuronas que modulan tus procesos mentales y emocionales. ¿No te ha pasado que te pones de mal humor cuando tienes hambre?, ¿o que te sientes distraído y agotado cuando llevas mucho sin comer?

Una alimentación en la que haya un aporte equilibrado de nutrientes y vitaminas es una forma de alimentar unos pensamientos y emociones agradables.

¿Qué opinas? ¿Añadirías algo más? ¿Qué te ayuda a ti a repararte física y mentalmente?

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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