• Centro sanitario CS 14612. C/Cueva de la Mora 7-20 | hola@miyosuperior.es | Tlf:+34 640 569 235

Preocupaciones y rumiaciones mentales: Qué las causa y las mantiene

Preocupaciones y rumiaciones mentales: Qué las causa y las mantiene

708 333 Elena González Morujo

En el plano psicológico, el ser humano es el único que puede reflexionar acerca de su propio pensamiento. Es decir, tenemos la capacidad de observar nuestra propia actividad mental y, al igual que ocurre en otros conextos, emitir juicios o creencias sobre ello. Es lo que se llama metacognición.

¿Qué papel juega la metacognición en los pensamientos obsesivos?


Los pensamientos obsesivos tienen unas características concretas: son intrusivos, reiterativos, persistentes y, en último término, agotadores.

El pensamiento obsesivo del tipo preocupación o culpa vuelve una y otra vez sin ser invitado, generalmente en forma de rumiaciones mentales en las que das vueltas sobre el mismo asunto. Además, lo habitual es que el suceso sobre el que estás rumiando sea algo que ya ha sucedido y no se pueda cambiar (lo que provocará culpa, remordimiento o miedo al futuro), o bien es algo del futuro que no ha ocurrido todavía (en este caso, generará preocupación o un estado de alerta constante).

Es importante el qué, pero también el cómo pensamos


Por ejemplo, si has tenido tenido ataques de ansiedad, es frecuente que se desarrolle una hipervigilancia de los propios procesos internos y estímulos físicos. En ese caso, se desencadena una especie de estado de alerta atencional que estaría basando en la creencia: «Si estoy lo suficientemente atento a las señales de "peligro", probablemente evite que me vuelva a pasar». Sin embargo, aunque es adecuado que estemos conectados con las señales del entorno y nuestras sensaciones físicas, aquí habría una fijación atencional que impide ver otros estímulos más positivos.

Si en tu caso estás constantemente preocupado por algún problema o asunto en concreto, es probable que la creencia metacognitiva sea: «Darle vueltas y pensar sobre esto me hará llegar a la solución; probablemente, haya algo que no he tenido en cuenta aún...». Es decir, una parte de tu mente cree en la rumiación como método de solución de problemas. Algo así como: «Si busco mucho, seguro que encuentro la solución».

¿Qué hacer entonces?


En primer lugar, debes tomar conciencia de que estos razonamientos están construidos desde un estado de estrés, no desde la objetividad que trae la calma emocional. Por eso, de entrada, has de dudar de su eficacia.

Esta estrategia de afrontamiento mental funciona como una especie de amuleto, de talismán: te da sensación de protección, pero si viene un peligro real, no te protege de verdad. Sin embargo, efectivamente, a veces necesitamos engañarnos aunque sea un poco, sobre todo después de haber sufrido un impacto emocional. Pero, después, una vez que se han calmado las aguas, es el momento de utilizar estrategias de afrontamiento que sí te ayuden y que no te hagan agotar tus reservas de energía mental.

Lo primero que podrías hacer es mantener un diálogo con esa parte de ti que está pensando de esa forma. Pregúntale lo siguiente:

  1. ¿Por qué, si crees que la rumiación es efectiva, sigues sientiéndote emocionalmente mal?
  2. ¿Después de darle vueltas durante un tiempo, te sientes  mejor? ¿Has encontrado opciones, respuestas y soluciones efectivas?
  3. ¿Estar tan atento a tus signos físicos o a las señales de tu entorno te ayuda a evitar tu ansiedad (lo cual es el objetivo por el que estás tan alerta), o más bien te empuja a encontrarte con ella?

Es muy importante que sepas que los mecanismos de defensa suelen acabar provocando aquello que se supone que tratan de evitar. Es decir, estar constantemente monitorizando tus constantes vitales te hace encontrar más signos de alarma, provoca más ansiedad y, por tanto, es más probable que esa ansiedad llegue a picos de intensidad muy altos.

Ejercicio: Haz una «Prueba de realidad»


Si crees que preocuparse y darle vueltas a un asunto sin soltarlo puede ayudarte a encontrar una solución, te propongo que primero te preocupes durante un día completo, todo lo que quieras. Al día siguiente, no te preocupes o hazlo lo mínimo. Después, compara los dos días y fíjate en qué día has solucionado más problemas.

Si estás en una situación en la que no logras gestionar tus pensamiento obsesivos, preocupaciones o estado de alerta constante, te recomiendo que acudas a un profesional para que te ayude. Porque, en muchos casos, la clave del problema también está profundamente enraizada en el ámbito emocional. Y cuando tenemos un síntoma emocional sucede que, si este es relativamente fuerte, al principio es prácticamente inmune al razonamiento lógico. Se necesitan otras técnicas para resolverlo.

Puedes compartir conmigo cualquier consulta, comentario o duda a través de los comentarios o escribiéndome un mensaje. Estaré encantada de ayudarte.

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

Dejar una Respuesta

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo