• Psicóloga colegiada M-23899 | hola@miyosuperior.es | +34 640 569 235

Me siento mal, pero no sé por qué

Me siento mal, pero no sé por qué

6000 4000 Elena González Morujo

Hacia 1960, Betty Friedan, en su libro La mística de la feminidad, aludía a la expresión «malestar que no tiene nombre» para describir los sentimientos de vacío vital y frustración que sentían las mujeres estadounidenses de clase media tras la Segunda Guerra Mundial.

Hoy me gustaría tomar prestada esta expresión para describir algo que vengo observando desde hace tiempo y que tiene unas características muy similares al síndrome descrito por Friedan.

A lo que yo me refiero con «malestar que no tiene nombre» es a un sentimiento provocado por algo que aparentemente no es muy dramático ni muy trágico ni muy grave. Sin embargo, ahí está la trampa: es solo aparente; la realidad es que interiormente hay un sufrimiento de gran profundidad.

Lo pueden sentir hombres y mujeres, pero me atrevería a decir que es bastante más frecuente en ellas.

El aislamiento, la soledad y la falta de sintonía en las relaciones provoca este malestar que no tiene nombre, pero que causa un fuerte dolor. «Total, si lo tengo todo», se dicen muchas personas a sí mismas. Sin embargo, no pueden dejar de sentir esa sensación que se gesta de forma insidiosa y sigilosa en forma de desencanto gradual con la vida.

Es como si te quitaran el brillo.

Si lo sientes, ¿qué puede estar provocándolo?

Hay muchos motivos que contribuyen a sentirte de esta forma, a continuación te describo los más importantes:

  • Sentir que una característica esencial tuya no es reconocida o aceptada. Por ejemplo: tu sensibilidad, tu creatividad, tus necesidades intelectuales…
  • Mantener relaciones que no están en sintonía contigo, con tu ritmo y tus necesidades afectivas particulares. Por ejemplo, si eres una persona tranquila, reservada y te gusta hacer las cosas despacio, podrás sentir falta de sintonía si a tu alrededor predominan las personas enérgicas o muy activas e impacientes, sobre todo si te presionan o critican para que vayas a su ritmo.
  • Sentirse solo e incomprendido por la gente más cercana, es decir, no sentirse reflejado ni apoyado.
  • Vivir por debajo de tus potencialidades. No poder usar tu intelecto o tus habilidades genera una especie de pérdida de ilusión y de energía porque es un impulso que tiene que reprimirse. Imagínate un pájaro que tiene la capacidad y la potencialidad de volar, pero que está encerrado en una jaula o con las alas pegadas al cuerpo: vivirá en una profunda frustración, pues su situación va en contra de su naturaleza.
  • Tener un exceso de responsabilidades o llevar la carga emocional del resto de miembros de la familia.
  • Estar muy volcado en el cuidado de otros y no disponer de un tiempo de autocuidado o para que otros cuiden de ti.
  • Sentir la necesidad de desarrollarte y de mantener relaciones sociales en las que te veas reflejado, pero no disponer de los medios para conseguirlo. Estar solo físicamente o tener únicamente contactos muy superficiales.

¿Por qué es tan duro vivirlo?

Este malestar no tiene nombre porque a veces es difícil detectarlo. Es muy escurridizo, aparece sutilmente, pero se instala en ti sin que te des cuenta. Además, es común que no te sientas con el derecho de protestar y de quejarte, ya que «lo tienes todo». Pero ese todo suele ser algo físico y tangible; la realidad es que hay una falta de algo más profundo.

La persona puede tener dinero, pareja, hijos, casa y comida; puede tener amigos y gente que le rodea; sin embargo, todo eso puede suponer una carga más que un consuelo. Podemos tenerlo aparentemente todo y que nos falte lo básico: la sintonía y el apoyo de otras personas.

Este malestar no tiene nombre, pero deja una huella muy profunda. Si tú lo sientes, no dejes que nadie te diga que no tienes derecho a quejarte. Bueno, o si te lo dicen, no les hagas caso y búscate a otro interlocutor más comprensivo.

A veces, las cosas más dolorosas de la vida ocurren en el silencio y la soledad más profunda, bajo una capa de «todo está bien». Y eso es lo que lo hace más difícil, el tener que hacer un esfuerzo por aparentar algo que no es real con tal de no recibir más rechazo e incomprensión.

Si lo sientes, busca apoyo en alguien con quien sí sientas sintonía, y si persiste, consulta con un profesional.

Este malestar no tiene nombre, pero es muy real.

 

Photo by Kristina Tripkovic on Unsplash

 

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo