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Paternidad en el mundo actual (II): sus enemigos

Paternidad en el mundo actual (II): sus enemigos

720 405 Elena González Morujo

En el artículo de la semana pasada te presenté una situación que, tanto en mi consulta como en mi círculo familiar o de amigos, he visto que sufren muchos de los padres y madres actualmente. También te di algunas claves para que puedas entender mejor tus reacciones y, sobre todo, y te hago hincapié en ello porque es esencial, te propuse un nuevo enfoque, recuerda:

Para que puedas cuidar a tu hijo, primero tienes que cuidarte a ti.

En el post de hoy quiero presentarte a esas voces internas con las que tienes que lidiar cada día cuando estás con tus hijos.

Son esos esquemas psicológicos fanfarrones, fortachones y agresivos; esos venenos mentales vestidos de afán de superación que hablan en nombre de la «evolución» y que terminan siendo una escopeta cargada contra uno mismo y los demás.

«He leído libros, blogs, noticias… ¿A qué le hago caso?».

Tu primer enemigo es la sobreinformación. Hay para todos los gustos: libros sobre paternidad responsable, pautas para que los niños coman, duerman, desarrollen su inteligencia, su creatividad, su emocionalidad…; blogs; webs; programas de televisión… Unos hablan de la importancia de las pautas, otros opinan que es mejor dejar que el niño descubra por sí mismo; algunos les hablan en chino desde que son bebés y los apuntan a estimulación; otros no les enseñan a leer hasta los 7 años…

«Soy un mal padre o madre porque pienso / digo / hago... (completa la frase)».

Tu segundo enemigo es la autoexigencia y la crítica interna. Se supone que nuestros hijos tienen que ser los más creativos, sociables, organizados, responsables e inteligentes… Y que está en tu mano como padre o madre que eso suceda.
Entonces, al mínimo contratiempo o salida del tiesto en el que tienes ganas de dejarlo todo atrás o «meter al niño otra vez dentro de la tripa», aparece un juez que dispara: «Un buen padre o madre no pensaría/sentiría/haría eso». Llega la culpa, el peor de todos los enemigos.

«No quiero crearle un trauma o que se sienta abandonado».

En tercer lugar tenemos el miedo. Aparece cuando sientes que cada paso que das, o cada palabra que dices, es crucial en su desarrollo; que si te ve gritar, se traumatiza; que si le regañas, puede sentir que no le quieres… Y claro, esto es agotador, es vivir con la espada de Damocles continuamente sobre tu cabeza.

«¿Esto es normal? ¿Los demás niños se portan igual? ¿Qué hacen otros padres?».

En cuarto lugar aparece el aislamiento. «Mi hijo tiene rabietas cada dos por tres», «no come ni un poco de verdura», «no duerme por las noches» o «se levanta mil veces porque tiene pesadillas»… Uno se pregunta si esto solo pasa en su familia o es algo habitual.
Si debido a tu ritmo de vida no puedes interactuar habitualmente y con honestidad con otros padres, corres el riesgo de poner la etiqueta de patológico o esto no va bien a algo que es perfectamente normal y común a todas las familias. También uno se angustia cuando lo ha intentado todo y no funciona, o cuando ya no encuentra nuevas formas de resolver los conflictos que hay en casa.

«No quiero ser de esos padres o madres que…. (completa con algún comportamiento que rechaces)».

En quinto lugar te presento al juicio. Es como tener un enemigo en casa que te vigila de forma constante para que no te conviertas en eso que dices no querer ser. En cuanto asoma un atisbo de aquello que tu mente rechaza: ¡Zas! Aparece la crítica. Cuando ves a otros padres que educan de forma diferente y eso choca con tu modelo: ¡Zas! La crítica otra vez… Juzgar a los demás y a uno mismo, encasillarte en un modelo de paternidad concreto, lo único que hace es que pierdas frescura, energía y flexibilidad.

«El problema son los padres».

En último lugar tenemos a la perspectiva. Escuchar que eres un problema es algo devastador para tu autoestima. Esta afirmación la he escuchado tantas veces…  ¿Alguien le pregunta al padre o la madre qué le pasa? ¿Qué referentes tuvo en su infancia?
Este tipo de afirmaciones casi siempre vienen de gente que no tiene niños, de personas que los tuvieron en otro tiempo o de aquellos que se encuentran en una circunstancia vital distinta. Y como padre o madre no puedes afrontar un reto si te sientes un problema para aquello a lo que más quieres en el mundo.

Y si has leído hasta aquí solo me queda decirte: ¡Felicidades! Porque, aunque tú ya los conocías bien, ahora ya sabes cuál es el nombre de estos enemigos y puedes pedirles, amablemente pero con determinación, que se vayan.

No te pierdas el artículo de la semana que viene: voy a presentarte a tus aliados, quienes te van a ayudar a disfrutar de una paternidad serena y confiada.

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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