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Paternidad en el mundo actual (III): sus aliados

Paternidad en el mundo actual (III): sus aliados

800 533 Elena González Morujo

En el artículo «Padres y madres del mundo actual (I)» te presenté una situación que, tanto en mi consulta como en mi círculo familiar o de amigos, he visto que sufren muchos de los padres y madres actualmente. También te di algunas claves para que puedas entender mejor tus reacciones y, sobre todo (y te hago hincapié en ello porque es esencial), te propuse un nuevo enfoque:

Para que puedas cuidar a tu hijo, primero tienes que cuidarte a ti.

La semana pasada amplié el tema presentándote a los enemigos con los que te enfrentas cada día cuando estás en el rol de padre o madre y, en el post de hoy, quiero que conozcas a los «aliados», los verdaderos héroes que guardan en su interior la posibilidad de liberar parte del agobio y el estrés en la paternidad.

Tu primer aliado se llama información contrastada, basada en expertos y en el sentido común.

Accede a contenido de valor, información válida, útil e integrada. A veces los padres se retroalimentan con sus dificultades y se pueden estancar si no existen otros puntos de vista. Tener un profesional o experto que pueda moderar en este tipo de grupos es la herramienta más valiosa

El segundo aliado al que acudir pasa por cuestionarte el modelo de buen padre o madre que tienes en tu mente.

Cuando piensas qué es ser un buen padre, ¿qué ves? Y ahora te pregunto: ¿es realista?, ¿es posible llevarlo a cabo dada tu circunstancia personal, laboral y vital?
Casi siempre la respuesta es «no del todo». El modelo de buen padre a veces es una amalgama de antiguos traumas personales + información distorsionada por los medios + deseo de evolucionar y aprender de los errores de tus antepasados. Tiene buenas intenciones, pero su método es inviable. Eres una persona, un ser individual y no solo un padre o una madre, así que tendrás deseos, conductas y emociones como cualquier persona. ¡Y espero que así sea! Eso significaría que no te has perdido a ti mismo.

Tu tercer aliado será relativizar y conocer el efecto real de tu conducta.

Nada de lo que haces es tan crucial como tú crees. Sabemos que el cerebro cambia a lo largo de toda la vida y es capaz de reponerse de cualquier trauma (esta capacidad se llama resiliencia).
Pero aún hay más y mejores noticias: cuando provocamos una ruptura o una frustración en los niños, cuando nos equivocamos y les damos un grito, les hablamos mal o incluso perdemos totalmente los papeles, lo crucial es reparar, es decir, reconducir la situación. No se trata de no te equivoques nunca y que todo vaya siempre como la seda (es imposible), sino de que sepas cómo reparar esa ruptura temporal de relación.
Este sí es un método educativo eficaz, responsable y positivo para ellos. Les estarás enseñando que algún día también ellos podrán perder los papeles y, al mismo tiempo, cómo se actúa para arreglarlo. Los niños aman a sus padres y tienen una capacidad de perdonar y dejar ir mucho mayor de la que creemos. Ellos no se aferran al rencor, eso es un invento mental que adquirimos de adultos. Su mente no funciona como la nuestra.

 

El cuarto aliado será formar parte una red de apoyo.

«A mí me funciona esto», «prueba con esto otro», «uy, al mío le pasó igual y lo que hicimos fue…». Compartiendo tus experiencias con otros padres y madres te sentirás comprendido, acompañado y validado. Cuantos más seáis en el grupo, más soluciones surgirán y habrá más creatividad para superar y aprender a manejar esas situaciones difíciles por las que pasa todo crecimiento.
En la calle y en las redes sociales las personas se comportan de otra forma, dan su mejor sonrisa y la foto más tierna. No fotografían la rabieta de la mañana o la frustración de por la tarde, pero cuando estás en casa es otra historia… Y como te comparas con lo que ves fuera, te dices a ti mismo: «No, no, no... ¡Qué mal lo estoy haciendo!». No es verdad, solo necesitas conocer otras realidades como la tuya y ver que lo haces es perfectamente normal.

 

Tu quinto aliado se llama compasión y comprensión.

Esos padres que hacen o piensan X (lo que dices rechazar) y tú estáis en el mismo barco: todos lo estáis haciendo lo mejor que podéis. ¿Acaso alguien duda de que siempre quieres lo mejor para tu hijo? A los demás les sucede igual.
Sois compañeros de circunstancia vital. Nadie mejor que vosotros puede entenderse en las alegrías, en las penas, en la salud y en la enfermedad. Necesitáis compartir una mirada o un gesto de «te entiendo perfectamente, ánimo, sé que a veces es difícil». Así que abandona la crítica, hacia ti y hacia los demás, y abraza una mirada más comprensiva y compasiva.

 

Tu último aliado es una creencia que tienes que grabar en tu mente: Los padres son la solución, no el problema.

Afrontar la paternidad desde la perspectiva de ser un potencial problema es asfixiante y te deja sin energía. Cuando uno decide cambiar y verse como la solución a ese mismo reto parece que respiras más, recuperas la dignidad y la autovaloración.
Los padres y las madres sois la clave, las figuras a las que más quieren y a las que imitan y obedecen. Pero si eres una fuente agotada, no podrás dar de beber a nadie, aunque lo quieras con toda tu alma. O quizás sí puedas, pero a costa de extraer el agua de tus propias reservas vitales. Así que cuídate, cuídate mucho. No necesitas más tiempo para ello, sino utilizar de forma distinta el que ya tienes.

Los padres son la tierra en la que los hijos echan raíces. Nútrela con reconocimiento, compasión y paciencia contigo mismo, y el resultado serán unas plantas hermosas y fuertes.

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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