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El perfeccionismo es un suplicio, no una virtud

El perfeccionismo es un suplicio, no una virtud

610 220 Elena González Morujo

—¿Cuál es su mayor defecto, según usted? —le dice el jefe a un futuro candidato.

—Soy muy perfeccionista —responde la persona con cierto orgullo interior (cree que, en realidad, tal defecto será considerado como una virtud).

Pues bien, el perfeccionismo no es que sea un defecto, pero tampoco una virtud. Simplemente, es una forma de afrontar la vida que, en la mayoría de ocasiones, provoca mucho sufrimiento.

El perfeccionismo es un filtro mental, una programación diseñada para que veas siempre lo que falta y no lo que hay, para que te fijes más en aquello que podría mejorarse y no en lo que ya está suficientemente bien, para que persigas cada defecto y lo amplifiques hasta que todo lo demás quede ensombrecido.

Realmente, ser tan exigente contigo mismo no te hace ser mejor persona o muy competente en tu trabajo. Al contrario, actuamos mucho mejor en todos los aspectos de nuestra vida cuando nos sentimos libres y nos animamos, y no cuando nos controlamos y presionamos para obtener determinados resultados perfectos. Pero la mente perfeccionista cree que sí, que debes obtener esos resultados.

El perfeccionismo engatusa a la persona para que haga la asociación: «Si esto tiene fallos, yo tengo un fallo». Equipara el resultado o apariencia exterior con la valía personal. Y tener esta creencia en la cabeza es muy venenoso para uno mismo.

La mente perfeccionista cree que la única manera de afrontar la vida es a través de la insatisfacción con lo medianamente bueno o lo normal, y vive así, buscando incansablemente la tan ansiada perfección. Ha aprendido a no aceptarse y le rondan constantemente pensamientos del tipo: «Yo puedo hacerlo solo», «debería poder con todo», «siempre se puede hacer mejor»… En su mente, el perfeccionista parece no poder aceptar que tiene limitaciones (como cualquier ser humano) o días malos.

El perfeccionismo es una defensa psicológica que viene a decir: «Si me esfuerzo lo suficiente, o si lo que digo y hago es suficientemente bueno y perfecto, entonces es que yo soy bueno y perfecto». Pero en el fondo de este mensaje hay una falta de apoyo y de reconocimiento incondicional hacia uno mismo, en resumen, un profundo desamor hacia tu persona. Es como un agujerito en tu amor propio que está deseando escuchar: «Pase lo que pase, y hagas lo que hagas, eres valioso».

El perfeccionismo se disfraza de virtud, y ese es su mayor peligro. Porque debajo del disfraz lo único que encontraremos es miedo y deseo de aceptación incondicional.

¿Sabes lo mejor? Lo mejor es que todo esto es solo una construcción mental. La realidad es que nadie externo a ti te está pidiendo que seas perfecto para quererte… De hecho, es muy probable que ese perfeccionismo tuyo sea lo que más te aleja de los demás. ¿Te lo han dicho alguna vez?. Quizá, cuando eras pequeño, te recompensaron con ciertos halagos y reconocimiento en los momentos en que eras exigente contigo mismo y te esforzabas continuamente. Pero, ahora, eres adulto y puedes sobrescribir ese mensaje.

El mundo no necesita personas perfectas.

 

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