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Propósitos de año nuevo: ¿por qué no los consigo?

Propósitos de año nuevo: ¿por qué no los consigo?

535 400 Elena González Morujo

Adelgazar, hacer más deporte, dejar de fumar, tener más tiempo libre, ser feliz… Estos son algunos ejemplos de los propósitos de año nuevo que quizá estés planteándote. Sin embargo, también es bastante habitual que muchos de esos objetivos y propósitos no se vean cumplidos al finalizar el año. ¿Por qué? ¿Qué es lo que puede estar impidiendo su logro?

Lo que sucede es que objetivos sencillos, que eres perfectamente capaz de lograr, se convierten en verdaderos suplicios o frustraciones que te dejan una sensación de falta de voluntad y de cierto derrotismo. Pero, en este caso, lo que suele fallar no es nuestra capacidad o fuerza de voluntad, sino la forma en la que los planteamos.

Hoy te propongo un «Control de calidad de propósitos de año nuevo». Haz tu lista y valora si cumplen los siguientes requisitos:

1. ¿Es propio? ¿De verdad lo quieres?

Aparentemente, la respuesta puede ser obvia, pero si rascas un poco más quizá te sorprendas…

Muchas veces decimos que queremos adelgazar, leer más libros, estudiar idiomas... Y por supuesto que podemos conseguirlo, pero siempre y cuando sea algo que queramos. No sucederá tal cosa si nos planteamos adelgazar porque se supone que «estaré mejor llevando una 38»; si lo de leer más libros es porque «debería hacerlo» o porque está bien visto; o si vamos a estudiar inglés porque «hay que saber idiomas», aunque nunca te hayan interesado especialmente.

Una parte fundamental de la motivación que necesitamos para alcanzar nuestras metas está enraizada en el «quiero», «me apetece» y «me da curiosidad», no en el «debo» o en lo que creas que otros esperan de ti. Porque, en ese caso, lo que se estaría poniendo en marcha es un mecanismo de obediencia y acatamiento, no de verdadera intención.

2. ¿Es posible? ¿Es alcanzable?

Marcarte un objetivo como «adelgazar 5 kilos en un mes» o «ir todos los días al gimnasio durante dos horas» plantean una limitación de tiempo tan exigente que el objetivo se convierte en una tarea casi imposible de alcanzar. Cuando nos ponemos el listón a semejante altura, ¿qué ocurre? Que ni lo intentamos.

La clave está en el «divide y vencerás»: plantéate pequeñas metas intermedias que te lleven finalmente a tu objetivo principal, como si fueras a escalar una alta montaña; si no se te ocurriría la idea de llegar a la cima el primer día, entonces, ¿por qué ponerte tan exigente en otros ámbitos?

3. ¿Es claro y específico?

«Quiero tener tiempo libre», «quiero disfrutar más de la vida» y «quiero estar más sano» son deseos muy positivos, pero ¿a qué te refieres con ellos exactamente? Si te imaginas que dichos objetivos se cumplen, ¿qué te ves haciendo o sintiendo en esa imagen? Eso que ves serán tus metas concretas, las que tienes que perseguir. Por ejemplo, te ves en el campo, paseando y sintiéndote tranquilo.

El «disfrutar más de la vida» se convierte así en una serie de actos concretos y tangibles, como, por ejemplo: «reservar las mañanas del sábado para salir a pasear al campo» o «reservar un día a la semana para hablar o quedar con mis amigos».

Perseguir directamente la meta «ser más feliz» es demasiado ambiguo e inabarcable, y corres el riesgo de perderte y frustrarte a la hora de saber cómo conseguirlo.

4. ¿Puedes tener cierto grado de control sobre ello?

«Que mi hijo encuentre un trabajo», «que mi novio/a esté más conmigo», «que todos tengan salud»... Aunque siempre hay algo que se puede hacer, en estos casos la mayor parte de la responsabilidad la tienen agentes externos a ti: la economía mundial, lo que quiere o no quiere el novio, el azar, el destino o cualquier otra cosa ajena a tu control directo.

Plantéate objetivos que dependan en gran parte de ti, aquellos sobre los que tengan efecto tus actuaciones, porque no hay nada más frustrante que invertir energía donde no se aprovecha.

5. ¿Puedes llevar a cabo «un poquito»?

Sé paciente y comprensivo contigo mismo. Al plantearte tus propósitos trata de no entrar en radicalismos del  tipo «o todo o nada, ¡aquí no hay medias tintas!», porque, en realidad, claro que las hay. De hecho, de las medias tintas se hace la «gran tinta».

Es mucho mejor acercarte a tu meta, aunque solo sea unos pasitos, que quedarte indefinidamente en la línea de salida con la creencia de que no puedes. Es mucho más positivo reducir el consumo de tabaco, aunque no puedas dejarlo totalmente, que seguir fumando porque «o se hace bien o no se hace».

En definitiva, como en cualquier otro cambio personal, hemos de cultivar la paciencia, la comprensión y la flexibilidad con nosotros mismos.

Hoy me despido hasta el año que viene y te deseo que el 2018 esté lleno de motivación, energía y paciencia contigo mismo. ¡Feliz Navidad!

 

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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