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¿De verdad necesitas salir de tu zona de confort?

¿De verdad necesitas salir de tu zona de confort?

1254 837 Elena González Morujo

Salir de la zona de confort parece estar de moda. Hay libros, frases inspiradoras y consejos con el lema revoloteando a tu alrededor. Si permaneces en un trabajo con el que no te sientes satisfecho del todo, rápidamente alguien sugiere: «¡Busca algo que te motive más, sal de tu zona de confort!». Si estás tratando de que tu pareja funcione y dudas en si dejarla o no, la gente te anima: «¡Déjalo/a! ¡Vete! ¡Sal de tu zona de confort y seguro que aparece alguien mejor!».

En ocasiones, el consejo va acompañado de cierta postura de condescendencia, como si a la persona que no sale de su «confortable zona» le encantara estar donde está, como si algo funcionara mal en ella porque no actúa de forma distinta. Es algo así como: «Pero si sabe lo que tiene que hacer, ¿por qué no lo hace?».

No lo hace porque no puede. Aún no puede. Y este aún es importante porque todos actuamos lo mejor que sabemos y podemos en cada momento. Te lo aseguro.

El otro día en mi consulta una persona me decía:

¿Acaso creen que me encanta estar bloqueada?, ¿que me gusta permanecer con una pareja que no me valora? No, hombre, no... Es solo que hasta ahora siempre he creído que lo único posible en la vida es ser medianamente feliz, que lo mejor es relacionarse a medias con las personas, que tengo que conformarme con tener un trabajo que me permita pagar mis gastos y que, además, debo darme con un canto en los dientes por tenerlo, aunque me haga profundamente infeliz… Pero, créeme, nada de esto es agradable, en absoluto…

Cuando alguien aconseja a otro a salir de su zona de confort, en ocasiones obedece a la tendencia actual de «cámbialo y sustitúyelo por otro», o a esa vocecilla que susurra continuamente: «siempre puedes mejorar» o «no te conformes».

Pero soltar consejos requiere una responsabilidad. También requiere que si aconsejamos tengamos la compasión y la entereza para acompañar a la otra persona en ese proceso de cambio. Y si no, es mejor que permanezcamos en silencio, porque no viven confortablemente, te aseguro que no…

Lo que llamamos zona de confort puede ser una pareja «de toda la vida», un trabajo «de toda la vida» o una ciudad «de toda la vida».

Salir de la zona de confort es una buena estrategia que se ha ido saliendo del tiesto y que ahora se aplica como un remedio psicológico para todo. En el ámbito médico equivaldría a prescribir al paciente ibuprofeno en todos los casos, sin analizar el cuadro cínico ni explorar si tiene bien el hígado, si es alérgico o si tiene el estómago delicado.

Te invito a que te quedes en tu zona de confort. Claro que sí, ¿por qué no? Qué manía con luchar y desafiarse continuamente... Pero quédate solo si es confort auténtico. Insisto, pregúntate bien esto: ¿tu zona de confort es confortable de verdad? ¿Te ayuda a descansar, a asentarte, a cargar energía?

Cuando eso a lo que llamas (o llaman) confort implique no cambiar de trabajo, de pareja o de ciudad porque te da miedo, entonces no es confort. Y te vas a dar cuenta porque lo vas vivir como una incomodidad, aunque te aporte la tranquilidad relativa de «lo malo conocido».

Así que recuerda: desafíate cuando experimentes incomodidad o malestar, pero déjate tranquilo cuando lo que te pida que cambies sea producto de esa moda psicológica de «vivir a tope».

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo