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El síndrome de utopía: perseguir la vida ideal, duele.

El síndrome de utopía: perseguir la vida ideal, duele.

2063 1453 Elena González Morujo

Existe un malestar mental y emocional que surge como consecuencia de plantearnos objetivos ilusorios respecto a nuestra apariencia, nuestro estado de ánimo, nuestr  relaciones o nuestro trabajo. Es el llamado ndrome de utopía.

La clave está en el término utopía . Los ideales  de tu mente no existen en la realidad de nadie.

En su libro El Cambio , Paul Watzlawick dedica un capítulo a hablarnos sobre cómo funciona este síndrome y cuáles son las consecuencias para nuestra salud mental.

No es nada nuevo reseñar el continuo bombardeo de mensajes que te empujan a ser mejor: ¡mejora  tus relaciones de pareja!, ¡mejora tus emociones!, ¡mejora en tu trabajo!, ¡mejora tu cuerpo!

¿Mejorar, respecto a qué? ¿Cuál es la vara de medir? Esta es la trampa: el listón al que aspiras es difuso, ni siquiera se ve. Entonces, ¿cómo sabrás si ya has llegado o debes seguir luchando?

Caer en este bucle de pulirse  y mejorarse a todos los niveles es relativamente fácil. Las redes sociales están plagadas de nuestras publicaciones más positivas, intensas y bellas. Con momentos fugaces capturados en una foto, damos a entender que comemos platos deliciosos todos los días, que estamos siempre enamoradísimos de nuestras parejas, que tenemos una vida social fantástica, que  viajamos por el mundo, que tenemos pensamientos profundos y una cara siempre luminosa y sonriente... Cuando ves este escaparate pueden invadirte pensamientos del tipo: «Vaya, mi vida no es así. Tal vez no esté haciendo algo que debería hacer...».

Pero ¿qué ocurre cuando uno cena una sencilla tortilla francesa o ese día no le apetece sonreír? ¿O si no quiere salir a descubrir sitios apasionantes y comer exóticos menús? ¿Y si descubre una nueva arruga o algunos kilos con los que no contaba? Si el sentido común te abandona por un momento, puedes llegar a pensar: «Uy, qué m ... Debería sentirme y estar de otra forma... ¡Tengo que hacer algo!».

Tener objetivos, querer progresar y cambiar está bien, es fundamental, pero se convierte en un problema cuando les damos más poder y trascendencia de la que realmente tienen, cuando  les atribuimos un poder transformador exagerado e irreal.

Claro que a veces hacemos cosas fantásticas y nos sentimos muy felices, pero es así: a veces . El peligro viene cuando creemos que esos momentos puntuales deberían  ser la norma.

En lugar de pensar que no consigo la ansiada «vida feliz» porque el asunto está mal planteado (es utópico), creo que es porque yo no estoy haciendo lo suficiente o lo correcto. Esto es autodestructivo y agotador.

Sucede lo mismo con los los grandes «hitos de la vida» en los que se supone que debemos experimentar sensaciones que rocen lo místico. Hablo de una boda, el nacimiento de un hijo, independizarnos, terminar la carrera, vivir en el extranjero... Me refiero a cualquier meta que nos hayamos planteado como «la SOLUCIÓN a mis problemas».

En muchos casos, lo que nos impide ser felices no es nuestra realidad en sí misma, sino la comparación de esa realidad con lo que pensamos que debe ser la vida.

No se trata de ser conformista y dejar de evolucionar, ni mucho menos; se trata de permitirte ser auténtico y sentirte libre de expectativas, modelos y pautas estandarizadas.

Porque como dice Robert Ardrey:

Mientras perseguimos lo inalcanzable, hacemos imposible lo realizable

 

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo

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Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

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