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¿Te irritas fácilmente? Aquí hay 10 cosas que debes saber

¿Te irritas fácilmente? Aquí hay 10 cosas que debes saber

626 417 Elena González Morujo

1. Los sucesos de este mundo no son los que te provocan rabia, sino la interpretación mental que haces de ellos.
Incluso aunque nos suceda algo que consideremos negativo de forma indudable, siempre podremos interpretarlo de diferentes modos. Por ejemplo: voy por la calle y alguien me pega un pisotón. Puedo cabrearme con la otra persona y pensar: «Es que la gente no tiene en cuenta a los demás, no mira por dónde va y no les importa nada…», o puedo optar por esto otro: «Vaya, esta persona iba despistada, seguro que ni se ha dado cuenta». Con esta última interpretación el pie me puede doler igual, pero el sentimiento es diferente, ¿no crees?

2. La mayor parte de las veces, la irritación no suele ser muy productiva.
Podemos tener una reacción inicial de molestia, pero mantenerla después no es la mejor idea. Una estrategia que nos ayudará a solucionar aquello que nos ha molestado es buscar las posibles soluciones que estén dentro de nuestro control.

3. Generalmente, los pensamientos que provocan ira suelen contener distorsiones cognitivas.
Este es el caso del pensamiento todo/nada, el filtro mental o la generalización excesiva. Si descubrimos y corregimos esas distorsiones, la permanente irritabilidad se disolverá.

4. La irritación aparece cuando crees que alguien o algo es injusto.
Y puedes incluso enfadarte más si piensas que ha sucedido por maldad o de forma intencionada.

5. Desde el punto de vista del resto de personas, debes tener en cuenta que la mayor parte de las veces no sienten que su actuación haya sido injusta.
Por tanto, es nuestro propio modelo de justicia/injusticia lo que nos hace juzgar lo que ocurre. Sin embargo, este modelo no tiene por qué ser compartido por todo el mundo, sino que cada persona puede tener su perspectiva. De esta forma, yo puedo afirmar: «A mí esto me parece injusto», pero no «Esto es injusto».

6. Generalmente, los demás no creen merecer tu castigo. Así que, aunque por temor a tu furia el resto haga lo que tú deseas, a largo plazo lo que se está sembrando es resentimiento y frustración, por lo que es muy probable que la relación termine deteriorándose.

7. Gran parte de tu irritación puede estar tapando otra emoción más profunda, como es el caso del miedo.
A menudo reaccionamos con un enfado defensivo ante lo que sentimos que puede menoscabar nuestra autoestima, como, por ejemplo, las críticas o los desacuerdos. Sin embargo, la realidad es que cuando somos adultos nadie tiene el poder de destruir nuestra autoestima a través de un comentario. En el caso de que eso sucediera, muy probablemente se debe a que lo que nos han dicho ha encontrado resonancia en nuestros propios mensajes internos de autocrítica.

8. Normalmente, la frustración surge como resultado de expectativas no satisfechas.
Por tanto, lo importante es analizar si tenemos expectativas realistas o no. El perfeccionismo, la exigencia y la autoexigencia  son cupones con premio seguro de frustración, ya que, si nos vemos a nosotros mismos y a los demás desde ese prisma, es muy probable que no se cumpla lo que esperamos y nos sintamos defraudados.

David Burns nos muestra algunas de ellas:

  • «Si deseo algo (amor, felicidad, una promoción…), lo merezco».
  • «Si trabajo duramente en algo, debería tener éxito».
  • «Otras personas deberían estar a la altura de mis convicciones y creer en mi concepto de justicia».
  • «Debería ser capaz de resolver cualquier problema con rapidez y facilidad».
  • «Si me porto bien con mi pareja, esta debería amarme».
  • «La gente debería pensar y actuar como yo».
  • «Si soy atento con alguien, esa persona debería tratarme igual».

Es comprensible que tú prefieras y desees que ocurra todo eso, pero en ningún caso te vendrá bien pensar que debería ocurrir.

9. Sí, tienes derecho a enfadarte; como se dice, «está legalmente permitido». Sin embargo, después de la posible reacción inicial, puedes preguntarte: «¿Me conviene estar así? ¿De esta manera saco algún beneficio para mí mismo o para los demás?».
El enfado tiene una utilidad, pero avivarlo y alimentarlo incesantemente es una estrategia muy poco adaptativa.

10. No necesitas la irritabilidad para relacionarte y establecer límites. Es decir, el dejar de enfadarte tanto por las cosas que suceden, lejos de convertirte en un ser pasivo, te libera y te permite encontrar soluciones más productivas y creativas a los problemas.

¿Y tú? ¿Te sientes identificado? ¿Estás viviendo situaciones en las que la irritación te está bloqueando e impidiendo avanzar?

¡Me encantaría leer tus comentarios!

Elena González Morujo, psicóloga de adultos en Mi YO Superior.

Foto creada por wavebreakmedia_micro – www.freepik.es

Elena González Morujo

Licenciada en Psicología, Neuropsicóloga clínica y Terapeuta humanista integrativa.

Todos los relatos por:Elena González Morujo